Enero 21, 2023
Opinión

Las cifras no muestran la realidad del impacto productivo en nuestro país.

Diego de la Puente

El pasado jueves 12 de enero, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés), dio a conocer sus tradicionales estimaciones de oferta y demanda mundial y estadounidense. En el mismo y más allá de los recortes productivos para el maíz y la soja estadounidense (no esperados), lo que continúa resultando sorprendente son los guarismos informados para las cosechas de estos productos en Sudamérica, particularmente para nuestro país.

 

Al respecto, el USDA sólo redujo la producción argentina del forrajero en 3 millones de toneladas para ubicarla ahora en 52 millones. En el caso de la oleaginosa, el recorte paso de 49,5 a 45,5 millones. Si bien el Organismo con sede en Washington se “toma su tiempo” cuando se trata de estimar cosechas, pareciera que hasta no estar del todo seguros que el recorte es real no lo efectivizan. O lo hacen tarde cuando ya tiene un impacto menor en el mercado, o bien lo va efectuando paulatinamente, Sea como fuere, las diferencias son realmente notables. Resulta vox pupuli que los más optimistas mantienen estimaciones del orden de los 40 millones de toneladas para la cosecha de maíz, al tiempo que algunos se aventuran a ubicarla por debajo de los 35. Y, eso, es un abismo con relación a lo que prevé el USDA. Para la soja, se “habla” de una cosecha más cercana, aunque unos 5/7 millones menos.

 

Pero claro, si pensamos en los exiguos stocks de cierre estadounidenses para cuando lleguemos al 31 de agosto, cualquier “traspié” productivo en Sudamérica podría volcar parte de la demanda insatisfecha sobre esas magras existencias, ubicando los precios en un contexto diferente. Y, con un conflicto bélico en el medio en unos de los cuatro principales exportadores de granos del mundo, no parece una buena idea. En el “mientras tanto”, nuestros productores agropecuarios hacen malabares para tratar que las cuentas cierren. Por ahora, el P (precio) no esta compensando la caída del Q (cantidad). Y si bien, de vez en cuando aparece un “dólar soja” y los precios del maíz se desacoplan de los valores internacionales en la medida que la cosecha pareciera no alcanzar para cubrir las necesidades internas y externas, justipreciar correctamente nuestras producciones resulta vital en este contexto de sequía extrema.

 

Solo resta esperar a que los pronósticos de precipitaciones anunciados para el fin de semana y los días subsiguientes, puedan aliviar de alguna manera la difícil situación por la que atraviesa nuestro sector. En algunas regiones de la pampa húmeda sería la última oportunidad de poder lograr una cosecha -al menos- decente. En otras, lamentablemente, la llegada de adecuadas lluvias solo podrá estabilizar los rendimientos para que los mismos no resulten peor de lo que ya están. En este contexto, resulta esperanzador la firme posibilidad que de cara a la campaña 2023/24, se augura la llegada de un año Niño luego de tres periodos Niña. Quizá de esa forma podemos proyectarnos al próximo ciclo productivo con algo más de optimismo, pudiendo dejar atrás este mal trago. Para seguir con atención…